lunes, 23 de enero de 2012

LA HABITACIÓN





Sofía despertó desnuda y muy confundida, no sabía cómo había llegado a esa habitación, que no conocía pero que le resultaba familiar. Era una habitación llena de flores tropicales, podía oler y escuchar el mar a través de las cortinas blancas que cubrían una gran ventana que parecía dar a una playa. Se sentía feliz, en paz. Trato de recordar que había hecho la noche anterior, cómo había llegado a esa habitación y por qué se sentía tan feliz pero su memoria parecía estar completamente en blanco. Entonces, llego él y su corazón empezó a latir tan rápido que tuvo miedo que explotara en su pecho. Él se paró frente a la cama, sólo vestía una toalla y una hermosa sonrisa.

- ¡Buenos días! – dijo él.
- ¡Buenos días! – respondió ella.

Ahora estaba más confundida que al principio, temía haber hecho algo de lo que se arrepentiría después. Pensó en su novio que tanto la amaba y lo herido que estaría al saber que lo había traicionado. Ahora la vergüenza empezó a invadirla y no podía sostener la mirada de aquel hermoso y perfecto hombre que tenía frente a la cama donde ella estaba acostada, completamente desnuda. Quería hacerle mil preguntas pero no podía articular ni una sola palabra. Fue entonces cuando él movió sus brazos en un gesto que indicaba que se iba a quitar la única prenda que vestía, ella rápidamente se sentó tomando la sabana que tenía sobre su cuerpo para asegurarse que la cubriría bien y sacó valor para decirle:

- ¡Espera!

Él se detuvo e inmediatamente notó que algo le sucedía a ella.

- Sofía, ¿Qué pasa? – le preguntó.

Sofía quedó sorprendida, él sabía su nombre. Al menos no había sido una aventura tan loca, habían tenido tiempo de conocerse antes de llegar a esa habitación. Pero ella, por más que pensara no conseguía recordar su nombre. Entonces, él camino hacia el costado de la cama donde ella estaba sentada y se sentó junto a ella. Ella bajo su mirada, su corazón latía más fuerte y temía que él pudiera escucharlo.

- Nena, ¿Estás bien? – preguntó él. Acariciando el cabello de ella con sus dedos. Ella no lo miraba pero podía oler su delicioso aroma. A continuación él puso sus dedos en su barbilla y levantó su cabeza para mirarla a los ojos.

- Sabes que puedes decirme lo que sea. – dijo él.

Sofía dejó de respirar por unos segundos que parecieron una eternidad, en esos segundos entró en una especie de hipnosis al ver sus ojos, de un hermoso gris azulado y de los que no podía apartar su mirada. Cuando por fin volvió a respirar, se preguntó por qué aquel hombre le hablaba con tanta intimidad pero no alcanzó a encontrar una respuesta porque aquel hombre puso su mano sobre su rostro acariciándola suavemente. Con la calidez de aquella mano sobre su rostro sintió como un cosquilleo viajaba por cada centímetro de su cuerpo y sin que pudiera reaccionar, él se acerco a besarla. Esos dulces y suaves labios la estaban besando, esos labios de los que nunca querría apartarse. Era un beso como jamás le habían dado y del que no se sentía culpable aunque en el fondo sabía cuán profundo podía herir a su novio.

Fue en ese instante mágico cuando empezó a escuchar a lo lejos como repetían su nombre, poco a poco fue más insistente y cercano, acompañado de suaves sacudidas a su pie derecho.

        - Sofía, Sofía, Sofía… Vas a llegar tarde. – decía una voz masculina.

Sofía despertó un poco aturdida, sin entender qué pasaba. Pero cuando vio que estaba en su habitación -habitación que sí conocía- y que estaba acostada en su cama, completamente desnuda, y que el hombre que le hablaba -hombre que sí conocía- que también estaba frente a su cama en toalla con una gran sonrisa y con el que sí recordaba haber hecho el amor la noche anterior y muchas otras más; por fin entendió que todo aquello que vivió en esa habitación que no conocía y lo que sintió por aquel hombre que no conocía sólo había sido un sueño, un hermoso y muy vivido sueño del que nunca hubiera querido despertar.

Fin.

jueves, 19 de enero de 2012

TUS OJOS




Y estaban ahí frente a frente y en contra de todas las posibilidades, era como si siempre hubieran estado juntos, como si sus almas fueran una sola, como si no existiera el espacio y el tiempo. De repente sus piernas empezaron a moverse sin siquiera pensarlo, como si fueran lados opuesto de imanes atrayéndose y en lo que pareció una eternidad estaban a un poco menos de 30cm. En sus rostros que en un principio no se dibujaba más que asombro y confusión, empezó a aparecer una sonrisa, como si se reconocieran, como si siempre hubieran estado consientes de la existencia del otro, como si sus corazones siempre hubieran latido al unísono. 

Fue ahí cuando se sumergieron en sus ojos, ella en los de él, azules como el cielo, y él en los de ella, marrones como un día de otoño, y por fin entendieron que nunca fue un sueño, que todo fue real y que se acababan de encontrar sin siquiera buscarse.

Pero no eran los únicos en aquella calle, con gente yendo y viniendo, corriendo, estresados por sus estilos de vida, atrasados en sus citas. Esa realidad empezó a tropezarse con dos cuerpos, de los que sus almas estaban conectadas por sus miradas. Aún así no dejaban de mirarse, estaban extasiados, como si estuvieran hablándose con sus miradas, miles de imágenes atravesaban sus mentes, recordando los sueños que habían vivido juntos sin siquiera conocerse - al menos no en carne y hueso-. Poco a poco fueron empujados hacia el callejón que tenían a un lado, fue ahí cuando al mismo tiempo se dijeron:

       - Tus ojos...

No tardaron las risas pero en el instante siguiente la atracción fue mayor y ocurrió lo inevitable. Sus cuerpos se aproximaron tanto como podrían estar y sus labios se fundieron en un tierno pero apasionado beso. Él paseaba sus manos por su rostro y su cabello, mientras ella se aferraba a él con todas las fuerzas de sus brazos y con sus manos acariciando su espalda.

Fin.